
Pensar, pensar, pensar... Un día voy a reventar de tanto darle a la pelota. Las paranoias, los miedos se enredan en mi pecho, oprimiéndolo, angustiándome, robándome el aire y la sonrisa. A mí, como a muchos otros, me han educado para no perseguir la felicidad, sino un estatus, seguir un camino trazado por la sociedad atemorizada por el capitalismo, la senda que la inmensa mayoría considera como"correcta". Cada vez que sale el sol en mi caos particular tiene que venir una nube traicionera a empañar mi paz, a traerme a los fantasmas que de vez en cuando olvido por el camino: el miedo y la inseguridad. Constantemente mi boca ha de improvisar respuestas que mi corazón no identifica como suyas para intentar justificar mis actos ante el resto del mundo. Estoy echa un lío. Es verdad. Siempre digo "digo" donde antes dije "diego", soy la duda hecha mujer. Sí. Lo sé. ¿Y qué? Déjame dudar, déjame existir, déjame vivir.