sábado, 8 de diciembre de 2007

Soy una osa polar

En invierno tengo la impresión de vivir en la cueva del lobo. Ahora son las cinco y cuarto de la tarde y es noche cerrada, por ejemplo. Ojalá existiera un método mágico que me hiciera hibernar como una osa todo el invierno y despertarme en carnavales. Odio el invierno en Colonia. Los alemanes se inventan historias para no aletargarse y verle el lado bueno a esta mierda de estación: mercadillos de Navidad con su vino caliente, se autoconvencen de que mola quedarse en casa frente a la tele viendo "Germany's next Top Model" arropados con una gruesa manta y bebiendo té caliente... Cada vez que alguien me dice que el invierno "tiene su aquel" se me hincha la vena del cuello... En fin, los dejo que vivan en la ignorancia.
Yo, que vengo del país de la luz y el arcoiris, lo paso fatal en invierno. Los primeros años me deprimía de verdad; ahora he pasado simplemente a dormirme por las esquinas. No me gusta desperdiar horas útiles de mi vida de esta manera, pero es que no lo puedo evitar!!! No sé si decir que soy una osa o la bella durmiente, que queda más fino y bucólico. Bueno, corto y cierro, que me vuelvo a la cama... No, es broma, voy a intentar hacer algo provechoso de lo que queda del día, que no es mucho.
Dulces sueños desde la cueva

jueves, 15 de noviembre de 2007

Eres mala

Por qué te has vuelto así de mala? Te ha tratado tan mal la vida como para que tengas esa cara de vinagre permanentemente? Me rindo. No puedo más. En la distancia, tus reproches me devoran por dentro como la carcoma y tu semblante gris perturba mis suenhos. Ni si quiera te mereces que escriba esto pensando en ti, que tenga que escribir proyectando tu imagen en mi mente para aliviar el trance, el trauma que me dejan tus palabras llenas de veneno cada vez que hablo contigo. Durante mucho tiempo he intentado excusar tu comportamiento injusto, tu frialdad letal y tu impasibilidad castigadora. Ahora me niego hacerlo. Hace dos días descubrí que el límite entre el dolor y la indiferencia es difuso. Por suerte, tras un leve tropiezo que me hizo tocar fondo, me he vuelto a levantar con intención de cruzar la frontera. Esta vez, espero que para siempre.

martes, 18 de septiembre de 2007

Paciencia y barajar

Buscar curro es como una partida de cartas: hace falta mañas, rodearte de la gente adecuada (uséase, contactos, enchufes, o como se le quiera llamar) y, sobre todo, SUERTE. El azar muchas veces decide el desenlace del juego. Nada que ver con lo que pensaba en mis tiernos años de estudiante, cuando, inocente de mí, estaba convencida de que a uno lo contratan por sus capacidades y que el concepto "enchufe" no se daba más que en excepciones. Ja! A decir verdad, cuando estaba haciendo la carrera estaba en la parra, me sentía privilegiada por haber sido admitida en una facultad con un examen de acceso peor que el cásting de OT y me concentraba en sacar buenas notas, sin ni siquiera pensar en cuánto iba a ganar al trabajar, ni cómo sería un día en la vida de un currante de mi oficio. Me conformaba con asentir con una sonrisa placentera cuando los profesores nos aseguraban que en este mundo "hay muchas salidas" y que poco menos que nos iban a llover las ofertas de trabajo. Ja! Es cierto que hay posibilidades, pero yo me pregunto: si alguien me hubiera dicho que el sueldo medio al que puedo aspirar en una empresa en Espana son 1.200€ al mes, hubiera vuelto a estudiar lo mismo? En el fondo he de admitir que sí, pero por cabezonería, lo cual no significa que las universidades no estén en la obligación de orientar a sus pimpollos sobre lo que les espera ahí afuera: una remuneración en absoluto generosa para el talento y los malabares intelectuales que requieren la profesión y la plaga del teletrabajo, que nos está engullendo poco a poco.
Ahora me encuentro con una mano delante y otra detrás. Como ya dije en otra ocasión, tengo mi futuro asegurado durante seis meses, pero después no tengo ni idea de lo que pasará con mi vida. Hay gente que se toma con filosofía la búsqueda de empleo. Yo estoy haciendo progresos y aprendiendo a controlar mi ansiedad, pero hay veces que la espera con su "a ver qué pasa" adosado me chamusca la cabeza. Me han hecho un par de ofertas y ninguna me convence; aun así, no puedo evitar sentirme culpable por rechazar trabajos, tal y como está el panorama.
Pero es que me gusta apostar por el más difícil todavía: se me ha metido entre ceja y ceja ir a Francia. Además de obvios motivos personales (ejem), me tira aprender otro idioma nuevo. A pesar de adorar Colonia, a veces el corazón me pide aires nuevos. Los 25 pesan y sé que no quiero echar raíces aquí. Por eso, inconscientemente, me doy cuenta de que es hora de partir, aunque una parte de mí se quede aquí para siempre, un pedazo no es un todo, y antes de que la inercia me venza contra mi voluntad, he de ser fuerte y tomar una decisión. Pero adónde? Los nómadas no tienen mucho futuro en el mundo actual. Una pizca de espíritu bohemio está bien, en su justa medida, por desgracia uno no puede pasarse recorriendo el mundo con una guitarra toda la vida. No en este mundo ni en esta época.
Entre oferta y oferta que leo en mis horas apáticas de trabajo, me pongo a estudiar un libro de francés que me he comprado. No sé si mi futuro estará en el país del queso, el champán y las ostras, pero por ahora es la idea que más me seduce. Siempre me han gustado los retos imposibles. Quizás me dé de bruces con el suelo y termine llorando de rabia ante el fracaso, mi peor enemigo. Pero me puede la cabezonería y el atractivo de los imposibles.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Sexo, drogas y drum&base

Hermosa, idílica, petarda, lasciva, turística, bohemia, underground, loca, insómnica, viva, multicultural... Siempre nos quedará Amsterdam. Una de las ventajas de vivir en Colonia es que está literalmente en el centro de Europa, y eso hay que aprovecharlo. Un coche de alquiler y unos cuantos colegas completan el plan de lo que puede ser una escapada perfecta. La mala organización de las mafias francesa y espanola apuntaba a fracaso, pero tras una hora dando vueltas sin tino por la carretera, encontramos milagrosamente la autovía correcta. Paso de hacer un relato del viaje, porque todo el que alguna vez haya estado por Amsterdam sabe lo que hay. De esta visita, me quedo con: la cara de la estadounidense (pro Bush) que venía con nosotros al pasar por el barrio rojo, el australiano que hacía el mejor drum & base que he escuchado en la plaza principal con dos sintetizadores y un micro, el ambiente viajero, los frikis y la cervecita al sol frente a uno de los canales. I love Amsterdam. Si hubiera encontrado una camiseta con la frase, vaya que me la hubiera comprado!!
Paz y amor